Señor Director:
Escribo estas líneas con indignación, pero también con la impotencia de quien ve un problema todos los días y observa cómo pasa el tiempo sin que nadie parezca dispuesto a resolverlo.
Quienes transitamos por la Carretera Mella, en las proximidades del Palacio Municipal de Santo Domingo Este, sabemos que las aceras han dejado de cumplir la función para la que fueron construidas. Lo que debería ser un espacio seguro para los peatones ha sido ocupado por vendedores ambulantes, talleres, mercancías colocadas por comercios y negocios de comida rápida que extienden sus operaciones más allá de sus límites.
El resultado es que miles de ciudadanos se ven obligados a caminar por la calle. Sí, por la calle. Entre vehículos, motocicletas, guaguas y camiones. Como si el peatón hubiera dejado de tener derecho a un espacio propio.
Pero el problema no termina ahí. A la ocupación de las aceras se suma el deterioro de muchas de ellas. Hay tramos con hoyos, desniveles y obstáculos que convierten un simple recorrido en una carrera de obstáculos. La basura acumulada en algunos puntos completa una imagen de abandono que no debería existir en una de las principales vías comerciales del municipio.
La situación resulta aún más injusta para las personas con discapacidad. En numerosos puntos no existen rampas adecuadas ni condiciones mínimas de accesibilidad. Quien se desplaza en silla de ruedas o tiene dificultades de movilidad simplemente queda excluido de espacios que deberían ser para todos.
Lo más frustrante es que este problema no está escondido en una calle olvidada. Está a la vista de todos. Cualquier funcionario municipal puede comprobarlo con solo recorrer la zona a pie durante unos minutos.
Por eso resulta inevitable preguntarse dónde está la respuesta de la Alcaldía de Santo Domingo Este. Los ciudadanos escuchamos con frecuencia discursos sobre orden, recuperación de espacios públicos y modernización del municipio, pero la realidad que enfrentamos diariamente en la Carretera Mella cuenta una historia muy diferente.
El alcalde Dio Astacio tiene hoy la oportunidad y la responsabilidad de demostrar que el derecho de los peatones también importa. Recuperar las aceras, garantizar la accesibilidad y hacer cumplir las normas de uso del espacio público no debería ser una tarea extraordinaria, sino una obligación básica de cualquier gestión municipal.
Los ciudadanos no pedimos privilegios. Pedimos algo tan simple como poder caminar por las aceras sin tener que arriesgar la vida en medio del tránsito.
Atentamente,
Un vecino indignado

