Por: Milagro Portillo
Estados Unidos fue modelo en cuanto al desfile de mandatarios cuyos logros aún la historia los reseña. En pleno siglo XXI, donde los adelantos son una constante diaria, cuesta entender que presidentes como Abraham Lincoln ni siquiera tenían estudios. Simplemente autodidacta, la historia lo reconoce como el mejor presidente de EE. UU. Lideró al país durante la Guerra Civil. Luchó por la Unión y lo logró. Se sentaron los fundamentos legales para la abolición de la esclavitud.
Un George Washington renunció voluntariamente al poder luego de 2 mandatos, porque no quería que la presidencia se pareciera a una monarquía. Su única preparación profesional estuvo a cargo de la familia; no asistió a la universidad.
Si seguimos contabilizando la preparación profesional de los mejores presidentes norteamericanos, encontramos que Franklin D. Roosevelt y Theodore Roosevelt fueron los que estudiaron en la Universidad de Harvard carreras relacionadas con el derecho. Pero sin estudios de magíster, posgrados, diplomados. Por cierto, Theodore Roosevelt recibió en el año 1906 el Premio Nobel de la Paz por su papel fundamental para terminar con la guerra ruso-japonesa, el primero en ganar dicho Nobel.
En los momentos que vivimos, si hablamos de presidentes brillantes norteamericanos, es necesario nombrar a Dwight D. Eisenhower, quien, liderando la Guerra Fría, utilizó como única estrategia la disuasión para mantener la paz, evitando entrar en conflictos armados.
Hoy debemos recordar que los criterios para evaluar a los presidentes en los Estados Unidos de aquellas épocas eran por su manejo de crisis, saber tomar decisiones ante guerras. Autoridad moral, en otras palabras, integridad ética. Habilidad para negociar. Saber gestionar la economía para prevenir crisis financieras, inflación y auspiciar un crecimiento sustentable.
La preparación de los presidentes en Estados Unidos, además de los requisitos legales y de la Constitución, hoy en día debe ser la académica, fundamental y necesario comprender el derecho constitucional, la economía, las políticas públicas y el manejo internacional. También debemos señalar que tener habilidades blandas y éticas son necesarias, tales como comunicación, negociación (saber dialogar), ética, que no es otra cosa que la transparencia en la rendición de cuentas.
Ni hablar, en aquellas épocas, de pagar dinero en las campañas electorales. Theodore Roosevelt fue uno de los impulsores de la regulación del dinero en las campañas electorales, estableciendo la famosa ley Tillman Act de 1907, que prohibió a las grandes corporaciones y bancos hacer contribuciones directas a las campañas políticas.
Hoy nos toca preguntarnos qué pasa con los ciudadanos: ¿qué toman en cuenta para votar en las distintas elecciones? Hoy, cuando existen los medios de comunicación, redes sociales, encuestas que no existían en los tiempos de los mejores presidentes de EE. UU. Contradictoriamente, hoy en día se toma en cuenta la llamada economía de bolsillo, el costo de vida, empleos y salarios.
En otras palabras, el votante no toma en cuenta la preparación de un candidato, mucho menos la preparación en elementos claves como manejo de crisis, autoridad moral, integridad ética. Y será por ello que allí radica el problema. Que si se hiciera una investigación previa en cuanto a la preparación que tienen para esos cargos, encontraríamos a un Lincoln, Washington, Roosevelt, Eisenhower.

