Por: Emiliano Reyes Espejo
(Parte I)
El año 2027 encuentra a la región Sur de la República Dominicana ante una vieja disyuntiva: continuar esperando que se materialicen las promesas de desarrollo o comenzar a recibir inversiones capaces de transformar sus condiciones económicas y sociales.
Aunque el próximo año estará marcado por la actividad preelectoral de cara a las elecciones presidenciales de 2028, las expectativas de los sureños no deberían depender de la competencia entre los partidos ni de las promesas de campaña. Deberían sustentarse en obras concluidas, servicios públicos eficientes y oportunidades reales de empleo y producción.
El proyecto de Presupuesto General del Estado para 2027 contempla un gasto de capital de RD$257,763.8 millones, de los cuales RD$111,609.2 millones corresponden a 1,306 proyectos de inversión pública. Sin embargo, estas cifras globales no responden por sí solas a la pregunta fundamental: ¿qué proporción de esos recursos llegará efectivamente a las provincias del Sur y cuáles resultados producirán?
La región necesita más que la continuidad de proyectos iniciados en años anteriores. Requiere una política de inversión territorial que tome en cuenta sus necesidades históricas, aproveche sus recursos naturales y productivos y reduzca las desigualdades que limitan las oportunidades de sus habitantes.
La presa de Monte Grande, las carreteras estratégicas, el desarrollo turístico de Pedernales y las infraestructuras de abastecimiento de agua representan oportunidades importantes. Pero su verdadero valor dependerá de que las obras avancen conforme a los cronogramas establecidos y de que sus beneficios alcancen a las comunidades.
En consecuencia, la discusión sobre el Presupuesto de 2027 no debe limitarse a cuánto dinero invertirá el Estado, sino que debe concentrarse en dónde se invertirá, qué necesidades serán atendidas y cómo se comprobará el cumplimiento de los compromisos asumidos.
Esa es la cuestión que el Gobierno, la oposición y los representantes congresuales de la región Sur deben responder ante sus ciudadanos.
Esperanza a la vista
En la región Sur, a pesar de su incertidumbre, los escollos, los saqueos de sus riquezas y escaso desarrollo económico y humano fruto de la dejadez por parte de las distintas administraciones de gobierno, se perfila un halo de esperanza sustentado en realizaciones de obras, las cuales deberán ser ejecutadas en este año preelectoral, o de lo contrario, podrá venir la debacle oficialista en la región.
Se prevé, por ejemplo, que el Sur se convierta en una de las zonas «con mayor dinamismo de inversión y crecimiento relativo para 2027».
Pero esa visión optimista solo podrá ser realidad si el Gobierno del presidente Luis Abinader, con la contrapartida de los senadores y diputados de la región, decide hacer realidad las inversiones que el Estado tiene pendientes en la región. Se debe garantizar que los recursos contemplados en el Presupuesto no sean letras muertas y esperanzadoras, sino realidades.
Todo dependerá de si el Gobierno decide, por ejemplo, activar de manera sostenida las inversiones programadas en el gran proyecto de la Presa de Monte Grande. Igualmente, en el proyecto de Desarrollo Turístico de Pedernales (Cabo Rojo), lo cual implica la apertura gradual de hoteles, la llegada regular de cruceros y el flujo de turistas internacionales.
Festival de pequeñas y grandes obras
En cuanto a la inversión pública en infraestructura, los informes afirman que en el Presupuesto de 2027 se contempla una especie de festival de pequeñas obras que satisfagan prioridades locales en algunas comunidades.
En esa línea de acción, se jerarquizan obras de alto impacto en el Sur, «destinando fondos sustanciales para la culminación de obras de infraestructura vial y la presa de Montegrande, clave para mitigar la vulnerabilidad climática y potenciar el sector agrícola e hídrico de la región».
Según datos recopilados de informes de la DIGEPRES, las principales inversiones e infraestructuras destinadas a las provincias de la región Sur para el año 2027 incluyen, entre otras obras, la «continuidad en la reconstrucción y ampliación de los tramos carreteros clave como la Carretera Enriquillo-Barahona y la Carretera Enriquillo-Pedernales».
También, el plan de desarrollo turístico y fronterizo que abarca inversiones en el Polo de Cabo Rojo, construcción del aeropuerto internacional de Cabo Rojo en Pedernales, así como obras del Ministerio de Defensa como el puesto militar La Algodonera (en Juancho) y partidas para continuar la Verja Perimetral Inteligente en la frontera con Haití.
La presa de Monte Grande
Se contempla, asimismo, destinar recursos para la «continuación de obras complementarias de gestión hídrica de la Presa de Monte Grande (con una asignación específica plurianualizada para 2027 de RD$875 millones) y la autorización de crédito público internacional para el proyecto de Ampliación de Acueducto Múltiple San Juan de la Maguana-Juan Herrera-Las Matas de Farfán».
La iniciativa oficial contempla para el 2027 un plan regional de infraestructura comunitaria y deportiva, mediante el cual, según precisa la Presidencia de la República, se realizará «un programa especial financiado con fondos recuperados (de la corrupción administrativa)».
Se destinarán para estos fines «más de RD$713 millones exclusivamente a la región Sur para la construcción de 14 estructuras deportivas (multiusos y techados) en las provincias Peravia, San Cristóbal, Independencia, Elías Piña, San Juan, Barahona y Azua».
Tal vez estas sean las únicas obras nuevas que contemple el Presupuesto para el Sur en el 2027. Las demás, como se ha observado, son «continuidades» de inversiones que se arrastran de la actual y anteriores gestiones.
¿Ayudará este 2027 preelectoral a mejorar las condiciones socioeconómicas del Sur o seguiremos en lo mismo? ¿Cuál será el rol de los senadores y diputados en lograr que se apliquen estos presupuestos para obras en la región? He ahí la pregunta.
El autor es periodista.

