Irán y Omán poseen las costas del paso marítimo más estratégico del Golfo, pero la importancia mundial de Ormuz, el derecho internacional y el enorme poder militar estadounidense convierten su control en una cuestión mucho más compleja que determinar a quién pertenecen sus aguas.
El estrecho de Ormuz es uno de esos lugares pequeños capaces de provocar consecuencias gigantescas. Situado entre Irán y Omán, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, desde allí, con el océano Índico.
La pregunta aparentemente sencilla es: ¿quién lo controla?
La respuesta exige distinguir entre soberanía territorial, derecho de navegación y poder militar.
Irán y Omán son los Estados ribereños. Estados Unidos no posee territorio en el estrecho. Sin embargo, Washington desempeña desde hace décadas un papel determinante en su seguridad y actualmente es protagonista directo de la disputa sobre las condiciones para normalizar completamente la navegación.
Irán al norte y Omán al sur
Geográficamente, Irán domina toda la costa norte del estrecho, mientras Omán ocupa el extremo meridional a través de la península de Musandam.
Eso significa que las aguas territoriales correspondientes pertenecen fundamentalmente a esos dos países.
Pero Ormuz no funciona como una bahía interior que cualquiera de ellos pueda administrar exclusivamente.
Es un estrecho utilizado para la navegación internacional y por él transitan barcos procedentes de numerosos países. Esa condición introduce normas internacionales sobre el derecho de tránsito y limita la capacidad de un Estado ribereño para impedir arbitrariamente la navegación internacional.
Precisamente ese punto está en el centro de las actuales diferencias sobre el futuro de Ormuz. Omán ha planteado fórmulas de administración regional, mientras Irán ha reclamado mayor autoridad sobre el tránsito y ha defendido la posibilidad de imponer determinadas condiciones a las embarcaciones.
¿Por qué Ormuz es tan importante?
La respuesta está principalmente debajo de la tierra: petróleo y gas.
En 2025 circularon por el estrecho alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquidos derivados, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Eso convierte a Ormuz en uno de los principales puntos estratégicos del mercado energético mundial.
Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Bahréin e Irán dependen en diferentes grados de esa salida marítima para colocar su producción en los mercados internacionales.
Además, existen pocas alternativas capaces de sustituir rápidamente semejante volumen de transporte.
Por eso un problema localizado en unos pocos kilómetros de mar puede terminar afectando el precio del petróleo, los combustibles, el transporte y la inflación a miles de kilómetros de distancia.
Entonces, ¿qué hace Estados Unidos allí?
Estados Unidos no es propietario del estrecho ni posee soberanía sobre sus aguas.
Su influencia procede de otro lugar: su capacidad militar y sus intereses estratégicos.
La Quinta Flota de la Marina estadounidense tiene su sede en Bahréin y su área de operaciones comprende el golfo Pérsico, el golfo de Omán, el mar Arábigo y otros espacios marítimos estratégicos. Ormuz está expresamente incluido entre los pasos críticos de esa zona.
Washington sostiene desde hace décadas que la libre navegación por estas rutas constituye un interés estratégico internacional y estadounidense.
Esto explica una aparente contradicción: Estados Unidos no controla jurídicamente Ormuz, pero posee capacidad militar suficiente para influir enormemente sobre lo que sucede allí.
Irán posee otra clase de poder
Irán tampoco necesita ser propietario de todo el estrecho para tener una enorme capacidad de presión.
Su extensa costa septentrional, proximidad a las rutas marítimas y capacidades militares permiten a Teherán amenazar, inspeccionar, interceptar o dificultar el tránsito de embarcaciones.
Los acontecimientos de 2026 demostraron hasta qué punto esa capacidad puede repercutir sobre la economía internacional. Las restricciones en Ormuz provocaron importantes reducciones en la producción regional y fuertes movimientos en los precios internacionales del petróleo.
Aquí aparece una diferencia fundamental:
Una cosa es tener soberanía sobre un territorio y otra poseer capacidad efectiva para condicionar lo que ocurre en él.
¿Y por qué aparece Omán como negociador?
Porque Omán no es un espectador.
Además de ser uno de los dos Estados ribereños, mantiene canales diplomáticos tanto con Irán como con Estados Unidos y tradicionalmente ha desempeñado funciones de mediación regional.
Actualmente Teherán y Mascate negocian aspectos relacionados con la administración y seguridad de la navegación por Ormuz. Estados Unidos, a su vez, ha vinculado decisiones sobre su bloqueo de puertos iraníes al cumplimiento de un eventual acuerdo que garantice el tránsito comercial.
Por eso encontramos tres actores con papeles completamente diferentes: Irán como potencia ribereña y militar; Omán como Estado ribereño y mediador; y Estados Unidos como potencia militar externa y parte directa de la actual confrontación.
¿Quién controla entonces realmente Ormuz?
No existe una respuesta de una sola palabra.
Jurídicamente, Irán y Omán poseen soberanía sobre sus respectivas aguas territoriales.
Internacionalmente, los barcos tienen derechos de navegación derivados de la condición de Ormuz como estrecho utilizado para el tránsito internacional.
Militarmente, Irán tiene capacidad extraordinaria para perturbar la navegación, mientras Estados Unidos dispone de una presencia naval capaz de desafiar ese poder.
Diplomáticamente, Omán se ha convertido en una pieza esencial para encontrar una fórmula que permita normalizar el tránsito.
La situación actual demuestra precisamente que ninguno de esos poderes puede resolver el problema completamente por sí solo.
Soberanía y poder no siempre significan lo mismo
Ormuz deja una enseñanza geopolítica importante.
Mirar un mapa podría llevar a concluir que el asunto corresponde exclusivamente a Irán y Omán. Mirar las rutas petroleras revela que afecta a buena parte del planeta. Y observar el despliegue militar muestra por qué Estados Unidos tiene tanta influencia pese a no poseer un solo kilómetro del estrecho.
La verdadera disputa, por tanto, no consiste únicamente en determinar quién es dueño de las aguas, sino en establecer quién puede fijar las condiciones bajo las cuales el mundo navega por ellas.
Y ahí reside la importancia estratégica del estrecho de Ormuz.

